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Campillo de Altobuey: Ermitas de la Trinid. y del Sº Cristo

 

 

ERMITAS DE LA TRINIDAD Y DEL SANTO CRISTO:

 

 

 

ERMITA DE LA TRINIDAD:

 

La ermita de la Santísima Trinidad, también conocida como ermita del Padre Eterno, es un edificio del siglo XVI, cuyas obras debieron iniciarse hacia 1585, siendo consagrada en 1589 por el obispo irlandés Cornelio de Buil.

El templo presenta planta rectangular de una sola nave, con cabecera poligonal de cinco lados, y su orientación no responde estrictamente al eje litúrgico este-oeste. La fábrica combina sillería bien esXcuadrada en ángulos y vanos con mampostería de grandes piezas dispuestas en aparejo irregular en los paños restantes.

La cubierta es a dos aguas, excepto en la cabecera poligonal, y se remata con una cruz de hierro en el encuentro de sus cumbreras. A los pies se alza una sencilla espadaña de un solo vano, rematada por un frontón triangular, que alberga la campana.

El acceso a la ermita se realiza a través de dos puertas laterales enfrentadas, ejecutadas en sillería y resueltas con una traza similar, mediante arcos de medio punto con una cruz labrada en piedra en la clave. Sobre ambos vanos se dispone una cornisa como remate.

El interior es de nave única, separada de la cabecera por un arco triunfal de medio punto, apoyado en columnas semicirculares adosadas. Desapareció el antiguo coro bajo que se situaba a los pies y permitía el acceso a la espadaña.

La nave se cubre con un artesonado de par y nudillo, tal y como se aprecia en la imagen de la izquierda, con ocho tirantes de madera, mientras que la imagen de la derecha muestra el correspondiente a la cabecera, que se enriquece con un artesonado mudéjar de casetones estrellados.

El de la cabecera presenta una estructura ochavada, con limas mohamares, arrocabes, almizate octogonal alargado y quince casetones octogonales, combinados con estrellas de ocho puntas y restos de lacería. Los pares y nudillos aparecen tallados en sus papos, con vigas tirantes sobre canes, y un alicer profusamente decorado en su banda central, rematado por una moldura de ovas. Destaca asimismo el tirante central de madera, con medallones tallados, así como la rica policromía conservada.

El retablo mayor, fechado en 1594, es un destacado ejemplo de retablo pictórico tardorrenacentista, concebido como un conjunto unitario y estructurado verticalmente, en su ascenso, mediante predela, dos cuerpos y ático, coronado este último por un calvario escultórico y un pequeño frontón triangular.

El conjunto pictórico, que presenta dorados en la mazonería, consta de catorce tablas realizadas al óleo sobre madera, obra de Bartolomé Matarana, pintor genovés afincado en Cuenca, junto a su seguidor Hernando (Fernando) de Mayorga, con posible intervención del pintor campillano Miguel Guijarro. Su iconografía se centra en la exaltación del dogma de la Santísima Trinidad, reforzada por la presencia del apostolado, santos defensores de la fe y escenas vinculadas a la Pasión, Resurrección y triunfo de Cristo.

La predela es estrecha y está formada por pequeños relieves. De izquierda a derecha aparecen: una cartela sostenida por figuras, la Justicia con espada y balanza, Santiago Matamoros a caballo, la Resurrección de Cristo en el centro, los apóstoles San Matías y San Simón, San Jorge luchando contra el dragón, una santa sin identificar y unos angelillos con una cartela de la Santa Faz. También destacan cuatro pequeños atlantes que sostienen las columnas del cuerpo superior.

En el primer cuerpo del retablo, la calle central, más ancha que las laterales, está ocupada por la pintura principal de la Santísima Trinidad: Cristo con la cruz, Dios Padre con tiara y orbe, y el Espíritu Santo en forma de paloma entre ambos. A los lados, distribuidos en dos pisos, aparecen ocho apóstoles: San Bartolomé, Santiago, San Judas Tadeo y Santo Tomás en la fila inferior; y San Andrés, San Pedro, San Felipe y San Juan en la superior. Todos se representan de pie, con sus atributos identificativos, sobre fondo oscuro y enmarcados por arcos de medio punto.

Las calles están separadas por columnas corintias: la parte superior de los fustes (sumóscapo) aparece estriada, mientras que en la parte inferior (imóscapo) se disponen pequeños relieves figurativos. En ellos se representan Adán y Eva en el Paraíso y diversas santas, entre ellas Santa Inés, Santa Bárbara, Santa Cecilia, Santa Genoveva, Santa Lucía, Santa Águeda, Santa Apolonia y Santa Eugenia, además de otros pequeños motivos decorativos.

El segundo cuerpo desarrolla un programa iconográfico centrado en la Resurrección y en la defensa de la ortodoxia católica. En la calle central se representa a Cristo Resucitado, emergiendo victorioso del sepulcro, rodeado de ángeles y de soldados atemorizados.

A ambos lados se disponen las figuras de san Francisco de Asís y san Pedro Mártir de Verona, santos estrechamente vinculados a la defensa de la fe verdadera. La presencia de san Pedro Mártir adquiere un significado especial en un retablo trinitario, dada su lucha contra las herejías que negaban el dogma de la Trinidad. En los extremos, dos tablas ovaladas representan bustos de frailes, uno de ellos identificado tradicionalmente como san Juan de Mata, fundador de la Orden Trinitaria, lo que refuerza la coherencia ideológica del conjunto.

El ático, realizado con esculturas estofadas y de talla sencilla, de carácter popular, está ocupado por un calvario escultórico, con Cristo Crucificado flanqueado por la Virgen y san Juan, dispuesto en una hornacina cuadrangular rematada por un frontón triangular. Esta escena culmina el discurso iconográfico del retablo, subrayando el sacrificio redentor de Cristo como fundamento último del misterio trinitario. A ambos lados se disponen cartelas sostenidas por ángeles, así como elementos decorativos, entre los que destacan cornisas y veneras.

 

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ERMITA DEL SANTO CRISTO:

 

La ermita del Santo Cristo, antigua iglesia del hospital del Cristo de Burgos, presenta una fachada construida a base de mampostería de diversos tamaños, recubierta de enfoscado y enlucido blanco, con uso de sillar labrado en la portada principal y las esquinas.

 

La portada de acceso a la ermita, abierta en uno de sus laterales y resuelta en sillería mediante arco de medio punto, presenta la puerta de entrada enmarcada entre dos pilastras cajeadas, rematadas por una cornisa moldurada, sobre cuyos extremos laterales se disponen pináculos de bolas.

Por encima de la cornisa, centrada sobre el eje de la portada, se abre una hornacina rectangular, enmarcada por pilastrillas, que se rematan superiormente mediante pináculos triangulares. Entre estos se dispone una cartela rectangular con inscripción, en la que se indica el año de construcción de la obra.

En el interior de la hornacina se aloja una imagen pétrea en altorrelieve del Cristo de Burgos, representado con paño de pureza y acompañado de un programa iconográfico de carácter simbólico y devocional: sobre el travesaño de la cruz aparecen una mano y un corazón, mientras que a ambos lados se disponen un brazo, unas muletas, unos pechos y una prótesis para la cojera. Este conjunto alude a diversos miembros del cuerpo humano, puestos bajo la protección del Cristo, en relación con la función asistencial del hospital vinculado a la ermita, donde se procuraba la recuperación de la salud de los enfermos.

La ermita presenta planta de cruz latina, con crucero poco pronunciado y brazos muy cortos, articulada en tres tramos, separados por pilastras poco profundas, a los que se añaden los espacios correspondientes al crucero y al presbiterio. A los pies del templo se dispone un coro alto, mientras que una cornisa corrida recorre todo el perímetro interior.

La nave se cubre con bóveda de cañón, en tanto que en el crucero se alza una cúpula semiesférica sobre pechinas y decorada con un pinjante barroco central.

El retablo barroco, que presenta en su conjunto una rica ornamentación basada en motivos vegetales y grotescos, se organiza de manera tradicional mediante sotabanco, predela, cuerpo principal y ático, este último adaptado en su parte superior a la curvatura de la bóveda, integrándose en el espacio arquitectónico del presbiterio

El cuerpo principal se articula mediante una combinación de columnas salomónicas y estípites, que enmarcan la hornacina central. En la imagen mostrada, esta hornacina aparece ocupada por un templete, mientras que en la actualidad alberga la imagen del titular, el Santo Cristo de Burgos. Todo el conjunto se apoya sobre una predela, en cuyo centro se dispone el sagrario, flanqueado por paneles laterales ricamente ornamentados.

 

 

 

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