EL ARTE ROMÁNICO
La implantación y desarrollo del Arte Románico en la provincia de Cuenca no se produjo hasta bien entrado el s. XII y comienzos del s. XIII, coincidiendo con la repoblación del territorio por parte de cristianos procedentes del norte.
La introducción de este estilo en Cuenca, a través de la Alcarria, se debió a su proximidad con el límite geográfico del recién conquistado territorio del Tajo.
En este territorio fronterizo, correspondiente a la actual provincia de Guadalajara, el rey Alfonso VIII mandó fundar en el s. XII varios monasterios cistercienses próximos al río Tajo, con el objetivo de consolidar las posesiones cristianas de cara a una futura acción repobladora más al sur. Estos cenobios ejercieron cierta influencia en la región.
Entre ellos destaca el Monasterio de Monsalud, el más cercano a la actual provincia de Cuenca, en torno al cual se edificaron varias iglesias.
Aunque la mayoría de estas iglesias fueron levantadas en el s. XIII, continuaron siguiendo los modelos románicos y no adoptaron el estilo gótico imperante, ya que este último se asociaba principalmente con una arquitectura urbana promovida por los estamentos privilegiados. En cambio, estas pequeñas poblaciones de reciente fundación disponían de recursos muy limitados.
No obstante, en diversos aspectos constructivos, estas iglesias recibieron una notable influencia cisterciense, visible especialmente en la decoración.
Las principales características de esta arquitectura románica, presentes en la mayoría de los edificios religiosos de la época, son las siguientes:
** Construcciones austeras y sencillas, realizadas en mampostería, empleando sillería en las portadas, vanos y esquinas.
** Planta de nave única rectangular, con cabecera semicircular o cuadrada, separada del resto del espacio mediante un arco triunfal de medio punto. La cubierta suele ser a dos aguas sobre estructura de madera, aunque en algunos casos se utiliza bóveda de cañón.
** El presbiterio se cubre con estructura de madera o con bóveda de cañón.
** El ábside semicircular se cubre generalmente con bóveda de horno o de cuarto de esfera.
** Dos puertas de acceso: la principal, habitualmente abierta en el muro meridional, y otra al norte, que comunicaba con el cementerio. En ocasiones se añade una portada occidental, a los pies del templo.
** Vanos escasos, resueltos con estrechas saeteras o pequeñas ventanas abocinadas.
** Campanario situado a los pies, que en la provincia de Cuenca suele adoptar forma de espadaña.
** Cornisa continua bajo el alero, sostenida por modillones, algunos de ellos decorados con canecillos figurativos.
** Pila bautismal propia en cada templo.
De las numerosas iglesias y ermitas construidas siguiendo estos parámetros románicos, la mayoría fue transformada posteriormente, sobre todo en época barroca. Por ello, en muchos casos solo se conservan algunos elementos originales como los ábsides, portadas, tramos de muros, canecillos o pilas bautismales.
CASTILLOS, TORREONES Y RECINTOS AMURALLADOS
El castillo medieval conquense es el heredero directo de los castros ibéricos y de antiguos asentamientos romanos, tradicionalmente ubicados en lugares elevados y rocosos.
Sobre estas fortificaciones de época romana y visigoda se levantaron, durante la ocupación musulmana - primero bajo el control de señores bereberes y más tarde de emires y califas de Córdoba -, numerosos castillos, torreones y algunos recintos amurallados.
Estas estructuras defensivas fueron reutilizadas y transformadas por los cristianos desde finales del siglo XI y, especialmente, a partir de finales del siglo XII, lo que implicó una profunda modificación de las fortalezas originales. Como consecuencia de ello, los restos correspondientes al periodo islámico son hoy escasos.
En manos cristianas, los castillos pasaron a desempeñar una función más vinculada a la repoblación y organización del territorio que a la defensa militar estricta. Algunos quedaron bajo la jurisdicción de los señores de la villa o de la Orden de Santiago.
Varias fortalezas de la provincia fueron reconstruidas o levantadas de nueva planta entre los s. XV o XVI, ya con un marcado carácter residencial y señorial. Paralelamente, otras quedaron abandonadas, por lo que en la actualidad muchas solo conservan ruinas o vestigios mínimos.
En esta descripción de los Castillos de Cuenca se incluyen tanto las fortalezas, torres y recintos amurallados mejor conservados como aquellos de los que apenas se conservan algunos vestigios.
Asimísmo, se mencionan ciertas torres telegráficas que adoptan la apariencia de torres defensivas, así como castillos o torreones de época moderna que recrean las formas de las fortificaciones medievales, conocidos como “neo-castillos”.
EBORARIA ISLÁMICA
Dentro de la producción en marfil realizada en la España islámica, de la que se conservan hoy más de una veintena de piezas distribuidas entre diversos museos del mundo, se han identificado cuatro obras pertenencientes al siglo XI que fueron elaboradas en Cuenca, durante la época de las taifas.
A partir de estos hallazgos se ha propuesto la existencia de un "Taller de Cuenca", e incluso la posibilidad de que fueran dos los talleres en activo.
Aunque la existencia de ambos centros no está plenamente confirmada, las inscripciones de las propias piezas indican que fueron realizadas en Cuenca por uno o varios artesanos especializados en marfil, que continuaron la refinada tradición eboraria cordobesa.
Las piezas vinculadas a este taller son:
** Arqueta del Monasterio de Silos; ** Bote de la Catedral de Narbona; ** Plaquitas de la Arqueta de las Bienaventuranzas; ** Arqueta de la Catedral de Palencia.
La explicación de su producción en Cuenca radica en la inestabilidad que sufrió Córdoba tras el estallido de la "fitna" en el año 1009, conflicto que provocó el colapso del Califato y el surgimiento de los primeros reinos de taifas. Esta situación obligó a los artesanos vinculados a la corte califal a dispersarse y buscar protección en las diferentes cortes que surgieron tras la desintegración del poder omeya.
Un grupo de maestros eborarios habría sido acogido en el reino de Toledo, bajo la protección de la dinastía bereber de los Banu Di-l-Nun, donde continuaron su producción como instrumento de prestigio y legitimación política. En este contexto se habría organizado en Cuenca un taller que mantuvo su actividad durante algunas décadas.
Este obrador de Cuenca se mantuvo activo - según la información proporcionada por las propias piezas conservadas -entre los años 1026 y 1050, impulsado por dos maestros sucesivos: Muhammad Ibn Zayyan, y Abd al Rahman Ibn Zayyan, herederos directos del estilo califal.
La obra más antigua atribuida a este taller es la Arqueta del Monasterio de Santo Domingo de Silos, realizada en el 1026, conservada actualmente en el Museo de Burgos, cuya tipología remite a la arqueta de Leyre. Le sigue el Bote de la Catedral de Narbona, fechado entre 1026 y 1032; las plaquitas de la Arqueta de las Bienaventuranzas, de cronología próxima y conservadas en el Museo Arqueológico de Madrid; y, finalmente, la Arqueta de Palencia, datada en el año 1050 y también custodiada en el Museo Arqueológico Nacional.
En el mundo islámico, estas arquetas, cajas o botes de marfil constituían objetos portátiles de lujo destinados a contener perfumes, joyas, tejidos finos u otros bienes preciosos, formando parte del mobiliario doméstico de palacios o residencias aristocráticas. Tras la conquista cristiana, muchos de estos objetos fueron reutilizados como relicarios u ostensorios, lo que explica su conservación en templos, monasterios y museos europeos hasta la actualidad.
El proceso de elaboración comenzaba con el diseño de los motivos decorativos, que primero se trazaban en la superficie del marfil y se marcaban en profundidad, para posteriormente proceder al esculpido minucioso de las figuras y ornamentos.
La iconografía representada en Arquetas y Botes, fundamentalmente de carácter vegetal y animalístico, posee una simbología estrechamente vinculada con el mundo de las creencias, tanto populares como religiosas. En algunos casos, estas piezas incorporan también figuras humanas qe transmiten ideas relacionadas con el poder y la autoridad de los gobernantes. De este modo, la imagen se convierte en un instrumento de propaganda visual al servicio de la monarquía reinante, reforzando su legitimidad a través de alegorías fácilmente reconocibles por la sociedad.
Entre los motivos ornamentales destaca la profusión de roleos y elementos vegetales, entre los que cobra especial protagonimo el Árbol de la Vida, símbolo universal de fertilidad, regeneración y eternidad. Asímismo, se representan personajes cortesanos y una variada fauna cargada de significado, como ciervos, leones, halcones, grifos o pavos reales, animales asociados al poder, la nobleza , la vigilancia o el triunfo.
Los motivos decorativos, de tradición oriental, resultaban comprensibles para todos, lo que facilitaba la transmisión simbólica del mensaje político contenido en estas obras.
NOTA ACLARATORIA: Aunque solo se han identificado cuatro piezas de marfil que hayan sido realizadas en Cuenca, en el apartado dedicado a la Eboraria Islámica se exponen también otras arquetas, botes o plaquetas anteriores, elaborados en época califal en Córdoba, Medina Azahara e incluso en Medina Alzahira. Estas obras actuan como antecedentes y modelos directos de las piezas conquenses. Al final de la página de cada una de estas piezas se incluyen enlaces que permiten acceder al resto de las piezas relacionadas disponibles en esta web.