CASTILLO DE CARDENETE
El Castillo de Cardenete, denominado La Fortaleza, se inscribe en el contexto histórico del antiguo Marquesado de Moya, un extenso territorio fronterizo entre Castilla, Aragón y Valencia que se configuró a partir del siglo XIII tras la repoblación de la villa de Moya por Alfonso VIII. A lo largo de la Edad Media, este espacio mantuvo una notable estabilidad territorial y estratégica.
En el siglo XV, los Reyes Católicos otorgaron el señorío de Moya y sus villas, entre ellas Cardenete, a don Andrés de Cabrera, elevándolo posteriormente a marquesado. Será su hijo, Juan de Cabrera y Bobadilla, segundo marqués de Moya, quien impulse la construcción del castillo a comienzos del siglo XVI, en un periodo marcado por fuertes tensiones sociales y políticas.
Durante la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), el Marquesado de Moya se vio sacudido por levantamientos antiseñoriales motivados tanto por el deseo de regresar a la jurisdicción real como por conflictos económicos y comerciales. En este contexto, Cardenete llegó a sublevarse contra su señor, obligando al marqués a huir y convirtiéndose en uno de los focos más significativos de la rebelión. Tras la derrota comunera, Juan de Cabrera ordenó reconstruir y reforzar la fortaleza como medida de control y castigo sobre la población, dotándola de carácter defensivo frente a posibles ataques desde la propia villa.
No obstante, la oposición vecinal continuó. En 1524 y 1525, los habitantes de Cardenete recurrieron al Consejo de Castilla, logrando la paralización de los trabajos forzados e incluso el permiso para derribar la fortaleza, símbolo del poder señorial. Aunque el castillo quedó inacabado, el marquesado permaneció en manos de la familia Cabrera hasta la abolición de los señoríos en el siglo XIX.
A lo largo de la Edad Moderna y Contemporánea, Cardenete siguió formando parte del señorío de Moya, como refleja el Catastro de Ensenada de 1752. En el siglo XIX, durante la Tercera Guerra Carlista, la villa fue punto de paso de partidas militares. A finales de ese siglo se describía el castillo como una obra cuadrangular con torreones semicirculares, troneras defensivas, varios accesos y una fuente interior de abundante agua, atribuyéndose su construcción al segundo marqués de Moya hacia 1522.
Ya en el siglo XX, la fortaleza pasó a manos privadas tras ser adquirida en subasta pública, cerrando así una larga trayectoria histórica ligada a los conflictos de poder y a la defensa de un territorio fronterizo clave.