Respecto a la organización interior del castillo de Torrefuerte, no se conserva una descripción detallada de su distribución original, ni planos antiguos que permitan conocer con exactitud la disposición de sus estancias. Antes de la restauración llevada a cabo a finales del siglo XX, el edificio había sido utilizado durante largo tiempo con fines agrícolas y ganaderos, lo que provocó importantes transformaciones en su estructura interna. Testimonios de personas que pudieron acceder a la fortaleza en la década de 1990 recuerdan que el interior se encontraba compartimentado y destinado principalmente a establos, almacenes de paja y dependencias para guardar aperos y materiales, sin que entonces pudiera reconocerse con claridad la función primitiva de cada espacio.
A pesar de esta falta de información directa, la configuración exterior del edificio, su cronología y su tipología permiten plantear una reconstrucción aproximada de su organización interior siguiendo modelos habituales en castillos señoriales castellanos del siglo XV. La fortaleza dispone de tres alturas, además de la gran torre en forma de D, interpretada como torre del homenaje, elemento que en este tipo de construcciones solía concentrar las dependencias principales y de mayor seguridad.
La planta baja debió de estar destinada originariamente a funciones de servicio y almacenamiento. En fortalezas de características similares era habitual situar en este nivel las cuadras, despensas, almacenes y dependencias para la servidumbre o para la pequeña guarnición encargada de la defensa. Estas características facilitaron su posterior adaptación a establos y pajares, uso que mantuvo el edificio hasta época reciente y que explica la compartimentación interior recordada por quienes lo conocieron antes de su restauración.
La planta principal, situada sobre el nivel inferior, debió de albergar las estancias residenciales vinculadas al señorío de las Veguillas. En este nivel se localizarían las salas de mayor tamaño, destinadas tanto a la vivienda como a la administración de la finca y al control del territorio. Es probable que existieran dependencias diferenciadas para la residencia del señor o de su representante, así como espacios de reunión o estancia, comunicados con la torre principal y con el adarve de la muralla.
La planta superior tendría una función mixta, combinando usos residenciales secundarios con funciones defensivas y de vigilancia. Desde este nivel se accedería a las terrazas y al camino de ronda que recorría los lienzos de muralla y los cubos, desde donde se dominaba visualmente el amplio valle que rodea la fortaleza. Este control visual del entorno confirma el carácter estratégico del emplazamiento y su vinculación al control de rutas ganaderas y caminos históricos.
La gran torre de planta en D debió de contar igualmente con varios pisos superpuestos, comunicados mediante escaleras interiores, probablemente de madera en origen. En este tipo de torres era habitual situar en el nivel inferior almacenes o espacios de servicio, reservando los niveles intermedios para habitaciones o salas más seguras, mientras que la parte superior se destinaba a funciones defensivas y de vigilancia. La presencia de puertas elevadas, ventanas geminadas y troneras confirma esta combinación de funciones residenciales y militares.
Antes de la intervención moderna, todavía se conservaban restos de muros interiores, vigas y suelos correspondientes a las reformas realizadas durante su utilización como vivienda rural y explotación agropecuaria, transformaciones que alteraron profundamente la organización original del castillo. La restauración realizada en las últimas décadas ha adaptado el interior a su uso como residencia privada, por lo que la distribución actual no responde necesariamente a la medieval, aunque el aspecto exterior del conjunto mantiene en gran medida la volumetría histórica de la fortaleza.
Se muestran a continuación imágenes antiguas del castillo, tomadas antes de la restauración llevada a cabo en la última década del siglo XX: