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Salvacañete: Ermita de la Virgen de Valdeoña

 

ERMITA DE LA VIRGEN DE VALDEOÑA

 

La primitiva Ermita de Nuestra Señora de Valdeoña, cuyo origen tradicional se remonta al siglo XIII y que está documentada en el siglo XV, fue destruida por un bombardeo aéreo en 1938. El edificio actual constituye una interpretación fiel, aunque modesta, del original, imitando su estructura e integrándose armónicamente en el paisaje rural de la zona.

El edificio presenta muros enfoscados y enjalbegados, asentados sobre un zócalo corrido de mampostería de piedra. Este basamento se corona de manera singular con una hilada de losas planas que, además de proporcionar estabilidad estructural y proteger el muro frente a la humedad, realza la blancura característica de los paramentos.

La cubierta de la nave se resuelve mediante una cumbrera central que, al llegar al extremo oriental, se abre en faldones que descienden hacia las esquinas, permitiendo que el tejado se recoja suavemente antes de conectar con el cuerpo de la cabecera. Esta misma solución de faldones inclinados se replica en la cabecera, la cual, al ser de menores dimensiones y altura, queda perfectamente integrada y protegida. En el alzado norte de esta cabecera, destaca un pequeño ventanuco cuadrado, enmarcado bajo un arco de medio punto, que aporta luz al interior.

El muro norte de la ermita presenta al exterior una composición sobria, en la que destaca un contrafuerte que refuerza la estructura del paramento. Más allá de este elemento constructivo, lo más característico es la serie de tres arcos ciegos que ritman el paño. Se trata de rehundimientos de medio punto, labrados directamente sobre la albañilería; aunque guardan la proporción de ventanas rectangulares, su cierre superior muestra una elegante terminación arqueada. Al no albergar imágenes ni esculturas en su interior, su función es meramente estética.

El campanario se alza a los pies del edificio, integrado en la esquina que conforman los flancos norte y poniente. La torre, de planta cuadrada, se eleva sobre un zócalo de mampostería de piedra, dando continuidad al basamento del resto de la ermita.

El cuerpo principal, que alberga la zona de campanas, presenta una distribución asimétrica en sus vanos: el alzado norte permanece ciego, mientras que los lados este y sur se abren mediante arcos de medio punto. Por su parte, el frente de poniente cuenta con un vano de mayores dimensiones, también de medio punto, que incorpora tres barrotes horizontales en su tercio inferior. Por encima de este nivel de campanas, la estructura presenta un ligero retranqueo que da paso al remate de la torre. El conjunto se cubre con un alero de madera sustentado por ménsulas del mismo material, sobre el cual descansa una techumbre a cuatro aguas de teja árabe, coronada en su cúspide por una cruz de hierro.

La fachada principal, orientada al oeste, presenta una gran sobriedad. El acceso al interior se realiza a través de una puerta metálica adintelada, flanqueada por dos contrafuertes de mampostería. Sobre la puerta, se sitúa una hornacina que alberga un azulejo con la imagen de la Virgen de Valdeoña. Dos ventanas rectangulares con remate superior en arco de medio punto, con rejería, se abren a ambos lados de la hornacina, proporcionando luz natural al interior de la nave.

La hornacina que alberga el azulejo con la imagen de la Virgen de Valdeoña.

El interior de la ermita se configura mediante una nave única de planta rectangular que culmina en una cabecera recta, quedando cubierta por una techumbre de madera vista.

En el ábside se encuentra un retablo de madera con una hornacina central, el cual se asienta sobre un elevado banco de obra. Este pedestal, al igual que los muros del templo, presenta un acabado enfoscado y enjalbegado que aporta uniformidad al conjunto. A la derecha, una puerta lateral conecta con el espacio de la cabecera, que cuenta con un pequeño vano o ventanuco para la entrada de luz.

También puede apreciarse, a la izquierda de la imagen, en el muro norte, dos de los tres arcos ciegos que se corresponden con los del exterior, así como dos contrafuertes, uno a cada lado, que se corresponden con los ya mostrados con anterioridad en el exterior del templo.

La zona occidental de la nave, correspondiente a los pies del templo, presenta una configuración peculiar dominada por un coro alto sobre una estructura de sotacoro o bajo coro. Lo más llamativo es la escasa profundidad de este coro, que sugiere que su función principal podría haber sido el aprovechamiento constructivo para albergar la escalera de acceso al campanario, más allá de su uso como espacio cantoral.

Esta estructura se sustenta sobre dos robustos pilares de obra que ascienden hasta la techumbre. Estos pilares presentan una base notablemente ensanchada, a modo de plinto o podio de mayor grosor, proporcionando solidez estructural al conjunto.

Los tres arcos del sotacoro son de gran originalidad: se trata de arcos escarzanos que culminan en un ápice o cima marcadamente puntiagudo en el centro, creando un perfil casi apuntado. Esta singular forma se repite de manera idéntica en los tres arcos homólogos del coro alto, dotando a todo el frente de una curiosa homogeneidad estilística.

El coro alto está delimitado por una sencilla y tradicional barandilla de madera. A la derecha, se observa la solución constructiva para el acceso a la torre: un cerramiento de obra que oculta el hueco de la escalera, interrumpiendo la perspectiva, y en el que se integra un pequeño tramo de escaleras de madera visible desde la nave. El resto de la parte elevada permite que la techumbre de vigas de madera vista continúe ininterrumpida hasta el muro testero occidental, revelando un interesante recurso estructural para integrar la torre sin ocultar completamente la cubierta.

La ermita se cubre mediante una armadura de madera cuya ejecución sigue el esquema tradicional de par y nudillo, un sistema constructivo que combina solidez y ligereza en el conjunto. Gracias a ello, no son necesarios apoyos intermedios y se consigue un espacio interior diáfano, en el que la propia estructura de madera se convierte en un elemento decorativo destacado.

El sistema se compone de los siguientes elementos principales:

Pares (elementos inclinados): Son las vigas inclinadas que forman la pendiente del tejado. Transmiten el peso de la cubierta hacia los muros laterales y constituyen la base de toda la estructura.

Nudillo (elementos horizontales): Se sitúan a media altura, uniendo los pares. Su función es evitar que la estructura se abra, aportando estabilidad al conjunto.

Pendolón: Es el término utilizado cuando se trata de una pieza de grueso calibre asentada en el centro, dispuesta verticalmente y situada entre la hilera (el vértice superior del techo) y la viga horizontal inferior, (el nudillo), cuya función es reforzar la estructura y ayudar a mantener su rigidez, evitando deformaciones o desplomes.

Jabalcón o Riostra:(refuerzos diagonales): Son las piezas de madera colocadas en diagonal que apuntalan el Jabalcón y refuerzan la estructura.

Jaldeta: es la vigueta o pieza menor sobre la cual descansa la tablazón, o conjunto de tablas de madera que conforman el cierre interior.

Tablazón o entablado: Sobre la estructura, en este caso sobre las jaldetas, se dispone un conjunto de tablas que sirven de base para la cubierta, quedando estas firmemente asentadas sobre dichas viguetas secundarias. Este acabado, visible desde el interior, aporta además una sensación cálida y tradicional al espacio.

 

 

 

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Enlaces para acceder y visualizar las otras tres páginas disponibles en esta web sobre Salvacañete:

- Iglesia de la Asunción: https://elarteencuenca.es/blog/iglesia/salvacanete-iglesia-de-la-asuncio...

- Castillo: https://elarteencuenca.es/blog/castillo/salvacanete-castillo-de-torrefuerte

- Tesoro: https://elarteencuenca.es/blog/museo/salvacanete-tesoro

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