El arte en Cuenca

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Museo Arqueológico (6)

EDAD MEDIA

 

Aunque la Antigüedad Tardía puede considerarse también dentro de la Edad Media, al tratarse de una etapa de transición, las piezas que se presentan en esta página corresponden al periodo comprendido entre la llegada de la civilización islámica a la Península Ibérica, a comienzos del siglo VIII, y la renovación cultural que inicia la Edad Moderna con el Renacimiento.

Por ello, aquí se muestran objetos artísticos de los periodos Islámico, Románico y Gótico, abarcando aproximadamente desde los siglos VIII al XV.

En la imagen, un capitel mozárabe, siglos VII–VIII, procedente de Ercávica.

El término mozárabe se aplica a la realidad sociocultural hispanorromana-visigoda que, tras el inicio de la islamización de la Península, mantuvo su propia identidad y tradiciones bajo dominio político musulmán.

Cerámica mozárabe

Las formas de esta cerámica recuerdan a las producciones visigodas, pero incorporan una novedad característica: la decoración con trazos o pinceladas de color rojo, propia de la influencia de las cerámicas de tradición islámica.

Capitel islámico

Realizado en el siglo X, este capitel está tallado en mármol blanco y responde al tipo pseudocorintio, característico del arte califal. Formaba parte de un elemento arquitectónico de la alcazaba de Cuenca y fue hallado en la Plaza de Mangana.

Presenta un notable parecido con los capiteles del Salón Rico de Medina Azahara (Córdoba), tanto en su tratamiento vegetal como en la elegancia del relieve.

Se considera probable que fuera trasladado a Cuenca durante el reinado de ʿAbd al-Raḥmān III, con la finalidad de prestigiar una construcción vinculada a la familia bereber de los Banu Zennún (Du-l-Nun), cuyo poder estaba en ascenso en la región.

Candil islámico

Candil de piquera islámico, fechado entre los siglos X–XI, destinado al uso doméstico. Su función era proporcionar luz mediante la combustión de una mecha empapada en un líquido oleoso, generalmente aceite.

Los candiles de piquera larga constituyeron uno de los tipos cerámicos más habituales en las viviendas hispanomusulmanas, desde la etapa califal hasta el periodo almohade. Su diseño permitía controlar la llama y prolongar la duración del combustible.

En la parte superior de la cazoleta se aprecia una representación esquemática del Árbol de la Vida, un motivo decorativo frecuente en el arte andalusí, cargado de simbolismo relacionado con la fertilidad, la eternidad y la protección.

Arqueta de Palencia (o de Cuenca)

En el Museo de Cuenca se menciona en su cartela la existencia de un Taller de Marfiles de Cuenca, creado tras la caída del Califato de Córdoba en 1035, acontecimiento que provocó la dispersión de artesanos especializados hacia otras cortes de al-Ándalus. Fueron los reyes de la taifa de Toledo quienes impulsaron este taller, bajo la dirección de Mohamad ben Zeiyán y ʿAbd al-Raḥmān ben Zeiyán.

Este taller se caracteriza por una talla muy profunda, trabajada en dos planos, mientras que el ataurique se resuelve mediante un grabado seco, sin volumen destacado.

Se reconocen actualmente cuatro piezas atribuidas a este taller, dispersas en distintos museos. En la imagen se muestra la conocida como Arqueta de Palencia, también denominada Arqueta de Cuenca, conservada en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid).

Su decoración y técnica responden plenamente al estilo desarrollado en Cuenca durante la época de taifas, constituyendo una de las obras maestras de la eboraria andalusí.

Nota: En el apartado dedicado al periodo islámico de esta web se incluyen las demás arquetas y el bote realizados en este taller. Asimismo, en la Introducción puede consultarse un artículo específico sobre la Eboraria Islámica en Cuenca, contextualizando este notable foco artístico altomedieval.

Cerámica almorávide

Cerámica almorávide, fechada entre los siglos XI–XII, procedente de Uclés.

Este tipo de producción cerámica se caracteriza por sus formas funcionales y por una decoración que, aunque generalmente sobria, incorpora rasgos propios del periodo almorávide, como motivos geométricos y vegetales esquemáticos aplicados mediante incisión o pintura.

 

Cruz

Cruz del siglo XIII, procedente de Carrascosa del Campo.

Perteneciente ya al ámbito cristiano medieval, esta pieza se encuadra dentro del periodo románico tardío o de transición al gótico, cuando los objetos litúrgicos y de devoción personal adquieren una notable expansión en parroquias y núcleos rurales.

Pila bautismal

Procede de la desaparecida iglesia de Santa María de Gracia, ubicada en la actual Plaza de Mangana de Cuenca, la cual anteriormente habría funcionado como sinagoga judía.

Aunque su tipología responde a una tradición románica, debe situarse cronológicamente dentro del Gótico, ya que debió esculpirse a comienzos del siglo XV.

Está realizada en roca caliza y presenta un vaso de gran tamaño, apoyado sobre un pedestal.

El cuerpo central del vaso se decora mediante amplios gajos, separados entre sí por una marcada moldura vertical, recurso ornamental frecuente en las pilas bautismales del periodo bajomedieval, que refuerza el efecto de volumen y verticalidad.

La parte superior del vaso está recorrida horizontalmente por una cenefa en zigzag, rematada en el borde por un grueso cordón moldurado. Dicha cenefa queda interrumpida en un tramo para dar paso a la representación de dos rostros humanos enfrentados, de los cuales solo se conserva uno, mientras que el otro ha desaparecido con el tiempo.

Virgen gótica

La iconografía de la Virgen sedente, entronizada y con el Niño en brazos, se impone a partir del siglo XIII, se mantiene a lo largo del XIV y continúa durante el XV. Supone la evolución de los modelos románicos de épocas anteriores.

Estilísticamente, nos encontramos ante una figura que presenta ciertos rasgos contradictorios: algunos aún arcaizantes, como la marcada frontalidad, y otros más evolucionados, propios de una cronología avanzada. Estos elementos permiten situar la escultura en el último tercio del siglo XIII, un momento en el que las representaciones de la Virgen con el Niño comienzan a humanizarse, destacando la aparición de la sonrisa en sus rostros, símbolo de la creciente ternura y naturalismo del estilo gótico.

Perfil de la escultura de la Virgen

Se desconoce la procedencia exacta de esta imagen, aunque por su tipología es muy probable que perteneciera a algún enclave de Castilla y León.

La obra debió estar integrada en un entorno arquitectónico, posiblemente en una fachada monumental, ocupando una posición elevada, quizá en el tímpano de una portada. Así lo sugiere el tratamiento de su parte posterior, completamente plana y sin trabajar, ya que este tipo de esculturas se realizaban para quedar adosadas al muro.

Conserva restos de policromía y diferentes estofados, aplicados en diversas fases a lo largo del tiempo.

La Virgen aparece sentada en un trono cuyos laterales están decorados con dos arquillos apuntados en la parte inferior, y que cuenta con respaldo y almohada, lo que refuerza su carácter majestuoso.

La Virgen aparece sedente, frontal y simétrica, vestida con una túnica larga y cerrada, de escote redondo rematado con lo que parecen bordados metálicos. La prenda se ajusta a la cintura mediante un cíngulo, mientras que un manto cruza diagonalmente de izquierda a derecha sobre las rodillas, sujeto por un fiador que forma un ángulo agudo sobre el pecho y se recoge en un broche con forma de flor de cinco pétalos.

Cubre su cabeza con un velo de pequeños pliegues, sostenido por una corona sencilla a modo de casquete, que se remata en la parte superior con molduras semejantes a la flor de lis. El cabello, representado con mechones ondulados, enmarca suavemente el rostro.

La mano izquierda de la Virgen sostiene al Niño a la altura de los hombros, mientras que su mano derecha se eleva con los dedos extendidos ofreciendo posiblemente una manzana: una alusión simbólica a María como la nueva Eva, portadora del fruto de la salvación. Sus facciones, tratadas con mayor precisión, transmiten serenidad y dulzura.

El Niño Jesús se sienta sobre la rodilla izquierda de María, con las piernas cruzadas, lo que confiere cierto dinamismo al grupo. Viste una túnica larga y suelta, y sostiene con su mano derecha el libro abierto de los Evangelios, apoyado sobre su regazo.

Ambas figuras mantienen una relación íntima y afectiva, generando una composición animada, casi dialogada, en la que el Niño parece entablar un gesto comunicativo con su madre.

Latitud: 40° 4' 40.1412" N
Longitud: 2° 7' 44.2056" W

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