Las murallas norte y sur que descienden desde el castillo y rodean la población.
Las murallas de Cañete, construidas en la segunda mitad del siglo X durante el Califato de Córdoba, constituyen uno de los recintos defensivos islámicos mejor conservados de España y el monumento más representativo de la villa. Su trazado fue diseñado de una sola vez, por lo que mantiene un aspecto muy uniforme.
Los muros parten del castillo y rodean por completo la población, aprovechando la forma del cerro, las rocas y el río como defensas naturales. Su recorrido forma un dibujo en “dientes de sierra”, con tramos de unos 20 metros ligeramente adelantados o retrasados, lo que permitía defender el muro sin necesidad de muchas torres. Solo en los ángulos más marcados aparecen torres circulares, añadidas tras la conquista cristiana.
La muralla conserva una gran parte de su perímetro original, especialmente en la zona norte, mientras que en algunos tramos quedó integrada dentro de casas modernas. Sus muros alcanzan unos cinco metros de altura y entre 1,5 y 2 metros de grosor, construidos con mampostería bien trabajada. Aunque ya no se conservan sus almenas ni el camino superior de ronda, debieron existir en su origen.
El recinto tenía varias puertas, destacando la Puerta del Rey, San Bartolomé, de las Eras y la de la Virgen. Además de su función defensiva, algunos lienzos sirvieron para adosar viviendas, como sucedía en otras ciudades amuralladas.
Su sistema constructivo se relaciona con el de Uclés, por el uso de tramos en zig-zag, lo que sugiere que ambas pudieron ser obra de los mismos alarifes al servicio del califa, aunque otros lienzos se asemejan en su fábrica a los de la ciudad de Cuenca.
Esta calidad técnica explica la excelente conservación del recinto, que sigue mostrando la importancia militar que tuvo en su tiempo.